lunes, 3 de septiembre de 2012

Amor trans(a)parente


Las flores han empezado a florecer, ya es primavera.
Que cosa tan curiosa esta de las estaciones.
Mis sentimientos están a flor de piel, me he enamorado.
Noto como la suave brisa primaveral sopla y mueve las copas de los árboles.
La sangre se me altera, cuando tú me miras. Hiervo si me tocas.
Escucho a los niños jugar a la pelota debajo de mi casa.
Me gusta la primavera, si la paso junto a ti.
Todo es más bonito cuando estamos juntos.
Las flores florecen antes,
los pajaritos cantan más, y  sin embargo,
la lluvia moja menos, que curioso esto también.

Ya es verano, lo sé.
El sol, el sonido del mar, el ajetreo de las calles.
Todo cuanto me rodea anuncia que la nueva estación se ha posado en mis días:
El olor a mar, que inunda los pulmones.
La sal cerrando viejas heridas.
Los niños en la arena, los amores de verano.
El sol tostando tu piel y el relajante sonido del mar a través de una caracola.
Sentarnos en el faro, lanzar una botella contándole al gran océano
nuestros secretos más íntimos, nuestros deseos inconfesables
Amarnos en tu cama y besarnos con sabor a sal.

El cálido verano de caricias bajo el mar va dejando paso al bipolar otoño de besos en la calle y peleas en la cama.
Gotas de lluvia en el cristal, rayos de sol en cielo dibujando un arcoíris que me invita a pasear.
Un arcoíris con el que cruzo el charco y un charco que desea que nade en él.
Tu mirada hablándome y tu voz mirándome, provocan escalofríos en mí.
Me estremezco, me acurruco junto a ti.
Tus ojos me ven, tu mirada tiembla y tú susurras te amo en mi oído.
Mi piel se eriza con cada palabra que sale de tu corazón y mis pupilas se dilatan cada vez que me tocas.
Pasear, salir corriendo. Tú me alcanzas y nos besamos en mitad de la calle.
La gente pasa y nos mira, pero no podemos ver nada más que nuestras caras.
De nuevo un arcoíris en el cielo me lleva hasta tu cama. Nos peleamos allí,
pero nos reconciliamos en el sofá.
Y deseo que el viejo invierno llegué para dormir abrazada a ti.

Por fin mis sueños se cumplen y el cielo se vuelve azul eléctrico.
La tormenta se acerca, pero no a mi cabeza,
el cielo cada vez más oscuro, pronto se abrirá.
Me gustan las tormentas de invierno, porque podemos pasarlas así:
Chocolate caliente, manta y películas de terror.
Tengo miedo, un trueno hace retumbar la habitación
tú me abrazas, yo tiemblo. Tú me besas.
Desaparece. Todo es perfecto otra vez.
Contigo solo tiemblo si me tocas,
solo existe el miedo a perderte,
a sufrir si no estás junto a mí.
Solo tú me haces gritar, y solo perderte me hará llorar.
Contigo sé lo que es el amor trans(a)parente

sábado, 11 de agosto de 2012

Hoy:



Hoy estoy triste.
Hoy estoy feliz.
La lluvia ardiente de agosto ha arrasado con todo aquello en lo que creía, ha arrasado con tu cuerpo y con tu espíritu soñador.
El mismo que nos daba alas y nos elevaba a lo más alto; El mismo que más tarde nos las cortaba y nos daba de bruces contra el duro asfalto.

Hoy siento frío, siento fuego, siento un mundo nuevo abrirse paso en mi cabeza.
El mar envuelve mi cuerpo y me arrastra a lejanos horizontes donde otro sol de invierno secará mi rostro y calentará mi cama.
Nunca más seremos codependientes, nunca más necesitaré tu playa para dormir.

Hoy tengo ansia, hoy tengo sueño y necesito un colchón nuevo, hoy quiero romper ventanas y gritar ¡Oh muérete!.
Sueño con una vida tranquila lejos del tiempo perdido.
Deseo abrir las alas y cruzar el charco para luego deslizarme suavemente hacia tu cama.
Convertir la lluvia en cristal para que caiga sobre ti y hacerte reflexionar sobre tu mañana.

Hoy soy pasado, presente y futuro en una única persona y no he atravesado el famoso continuo espacio-tiempo.
Permanezco con los pies en el suelo aferrada a un pasado de tormenta y barro obsesionada, al mismo tiempo con un futuro borroso e ininteligible que parezco nunca alcanzar.

Hoy puedo ser tu peor pesadilla o el sueño más dulce de algún alma en pena que pasa las noche en vela.
Yo puedo derrumbar tus murallas con flechas de fuego.
Y tú puedes esperar que alguna alcance tu pecho para rendirte ante mí.
Aunque yo, ya no espero nada de nadie.
Me gusta ser tu sueño, adoro ser tu pesadilla pero desearía ser tu noche y tu día.

Hoy quiero gritarte y hacerte llorar.
Hoy quiero ver como te derrumbas ante mi y entre la desesperación gritas -Te amo!

Hoy la leyenda cuenta que soy un ser extraño. 
Que allí abajo, en el subsuelo, escondo mis sentimientos en una caja fuerte.
La otra versión explica que adoro ver a la gente sufrir y que lo que guardo en esa caja son sus corazones.
Ya no recuerdo cual era la real.
Pero amo que hablen de mí.

Se podría decir que hoy me siento vanidoso, con la autoestima por encima de 100, pero entonces mentiría y aunque esté muy de moda, no es una de mis cualidades.

Hoy empezaré a correr, cogeré impulso y me elevaré.
Desplegaré mis alas y echaré a volar.
Mientras lo hago os observaré, menguantes, y gritaré hasta que se me rompa la voz y me queme la garganta.
Cuando mis dedos estén a punto de rozar el sol, plegaré las alas y me dejaré caer de nuevo a la tierra.
Volveré al sitio del que nunca debí salir.

jueves, 26 de julio de 2012

Inspiración, sueños y trucos de magia



Miércoles, 21 de Noviembre de 1990





Cuando mis quince minutos en el mundo del periodismo fracasaron mi jefe dijo que era porque las drogas y mi trabajo no eran compatibles, que había arruinado mi carrera y que jamás volvería a escribir un solo artículo.


"Aquella mañana salí de la redacción muy cabreado, me encendí una chusta que llevaba en el bolsillo y caminé sin rumbo...

¿La verdad? me apetecía sentarme al piano y ser capaz de hacerlo sonar, de demostrar que tenía un mundo que ofrecer pero no me atrevía, no sin ella.
Ella, Blanca, la única capaz de hacerme brillar, de extasiarme y revolverme de dolor al mismo tiempo, de creerme Dios sin ser más que un tipo corriente enganchado a una puta mierda.
Blanca, la única que en diez años había capturado la esencia de ese piano, porque solo así había sido capaz de tocarlo.

No existía en el mundo, nadie que me hiciera sentir lo mismo hasta aquella misma noche, en el 5CLUB, un antro que llevaba un conocido mío donde podías comprar, vender y regalar (si te apetecía) inspiración al por menor.
Yo acudí en busca de mi dosis semanal y un poco de autoestima, que nunca viene mal.

Allí conocí a Rita, una pianista infravalorada que por casualidades del destino había acabado trabajando en un club de mala muerte.
Admiraba a Rita Hayworth y soñaba con ser una gran estrella de Hollywood, fumaba como si se le fuera a acabar el tiempo, compraba sueños en papel de plata y solía hacer trucos de magía.
No tenía en la vida más que el piano, su voz y su belleza.
Y algún día su piano y su voz, perderían afinación.
Pero ni por esas, perdía la esperanza de salir de ese mundo y volar como los pájaros, o la imaginación.

Aquella noche mezclamos sueños e inspiración, nos fundimos en una espiral de fantasías irrealizables y dimos una vuelta completa por el espacio.

Al aterrizar y tras el tercer truco de magia mi piano fue tocado por otra persona y el viaje por el Cosmos fue para dos.

Cuando desperté, todo había desaparecido, no me quedaban sueños, ni tampoco inspiración, la magia se había esfumado y el Cosmos reapareció en forma de mundo real.
No había rastro de Rita, excepto una mancha de carmín en una de las teclas del piano.

Intenté recordar la noche, pero todo se volvía borroso después del quinto truco de magia. Me dolía la cabeza, no podía dejar de tararear una maldita melodía que no había escuchado jamás y que, sin embargo, era la más hermosa melodía que en la vida compondré. No podía dejar de sonreír por algo que no había vivido ni tampoco podía apartar los ojos de la mancha de mi piano porque no sabía cómo había llegado ahí.

Me senté allí delante y como si de un truco de magia se tratase comencé a tocar esa horriblemente hermosa melodía que no salía de mi cabeza"


domingo, 10 de junio de 2012

Oniria, vuela lejos.

Oniria vive y pasea descalza por las nubes.
Duerme y sueña con un mundo al que cree pertenecer mientras,
mantiene la certeza de que algún día aprenderá a volar.


Insomnia es la sombra, los restos de quien fue.
Se esconde bajo un escudo cuando sale a pasear por el mundo real, 
al que no le gusta pertenecer.
No duerme y el insomnio se ha llevado todos sus sueños.
Sabe que nunca podrá volar.


Oniria tiene alma de golondrina y algún día partirá lejos,
manteniéndose entre las nubes y dejando una estela de sueños cumplidos.


El espíritu de Insomnia es más bien como el de un albatros que no es capaz de alzar el vuelo.
Ella nunca cumplirá sus sueños si son lejos de tierra, pero si se mantiene en ella es fuerte como el acero.


Sus espíritus pertenecen a mundos opuestos pero cuando se miran a los ojos el albatros aprende a volar y la golondrina posa los pies en tierra.


Oniria se la lleva a pasear por las nubes y le enseña la magia de lo onírico.
Insomnia la sube a la azotea de una ciudad sin luces y le muestra la vida de quienes nunca duermen.
En las nubes Insomnia recupera sus sueños y aprende a cumplirlos; En la azotea Oniria descubre belleza en el mundo real mientras permanece insomne.


Pero el alma de golondrina de Oniria empieza a batir fuerte las alas.
Debe volar a un cielo lejano, pero no desconocido.


Insomnia no puede volar, su albatros interior se lo impide.
Recupera su viejo escudo y se esconde hasta del mundo real, 
que ya no le hace sentir lo mismo que antes.


Es hora de aceptar que ya no habrán paseos por las nubes, ni se fundirán con el sol.
Oniria e Insomnia ya no se mantendrán insomnes observando al mundo durmiente desde la azotea de una ciudad cualquiera.


Oniria vuela hacia el mundo real aunque no sabe si está preparada.
Insomnia intenta volar hacia lo onírico, pero sola no sabe.


Oniria está triste, pero las nubes lo harán todo más llevadero.
Insomnia no sabe cómo sentirse y el mundo real no tiene sentido si no puedes escapar de él.


Oniria sabe que si algún día se siente sola, triste o desesperada solo tiene que decirle hacia donde ha volado.
Insomnia piensa que cuando todo esté perdido, 
el cielo y su inmensidad, la transportarán a otro lugar.


Oniria sabe que, a pesar de todo, cada vez que mire la enormidad del cielo Insomnia estará viendo el mismo que ella.


Insomnia sueña que Oniria vuelve.
Oniria sueña con volver.



Insomnia duerme por fin.
Oniria despierta al fin

domingo, 6 de mayo de 2012

En la 311, como siempre

Frente la puerta giratoria del Hotel Señorial me encuentro ahora mismo, un escalofrío me recorre de arriba a abajo y pienso que algo será diferente esta vez.

    Mis noches con Mike se han prolongado durante un año, pero no somos una pareja convencional, solo unos amigos con derechos, o amigos que mantienen relaciones esporádicamente, como quieras decirlo.
   No importa, Mike siempre se marcha de madrugada y se despide mí con un beso en la mejilla y aprovechando que yo duermo, sale de la 311.
 
   En realidad, con Mike a mi lado nunca concilio el sueño, solo lo aparento
   Cierro fuerte los ojos hasta imaginar un mundo donde amanecemos juntos, con cara de locos y fumamos el primer cigarrillo del día y no el último de la noche.
Me acurruco a su lado, me aprieto contra su pecho y aspiro su aroma: Una mezcla de tabaco y primavera; de lluvia y sol; de barro y olas del mar... huele a todo lo que amo y a todo lo que odio.

   Mis ensoñaciones terminan a las cinco de la mañana cuando despacio se levanta de mi lado, me cubre con las sábanas de la cama y cierra la puerta.

Llevo demasiado tiempo guardando las lágrimas y el dolor que me provoca su marcha pero no puedo pedirle más.
Lo nuestro es pura química.
Unos cuantos polvos y como si nada.
En público solo somos amigos y si hablamos del tema, él no le da demasiada importancia.
No decir nunca te quiero y saber cuando parar esta locura son las condiciones, dejarlo cuando quisiéramos era otra de ellas.
Al fin y al cabo, los límites somos nosotros mismos.
    Pero yo no he podido dejarlo a tiempo, me he enamorado de mi follamigo.
      Me he enganchado a él, a nuestras noches de follar en el cosmos, al igual que el yonki se engancha a la heroína.


Sigo delante de la puerta giratoria del Hotel Señorial, me decido a entrar.
En el ascensor me arrepiento y una vez delante de la 311 deseo que Mike no haya aparecido hoy.
Abro de golpe la puerta y con estupefacción veo a Mike con un ramo de flores en la mano
<Estoy perdida> pienso.

Mike me mira fijamente a los ojos y me pierdo en su profundidad.
-¿Estás bien? Tienes mala cara- Dice a la vez que me da un abrazo.
+Te echaré de menos mañana- Susurro en su oído.
No me pide más explicaciones y me besa, como nadie lo hace.
El mundo desaparece y siento que floto en la inmensidad del Universo y que nada podría ser más perfecto.
<Todo saldrá bien> intento convencerme.

Una vez más estamos en la cama, desnudos después de uno de los viajes por el Cosmos más fascinantes de toda mi vida.
Intento congelar ese momento, creyendo que será el último.
Me acurruco en su pecho, aspiro su aroma, beso sus labios, juego con su pelo y digo
+Te quiero, Mike.

Su expresión cambia completamente, horrorizado me mira salta de la cama y busca su ropa por la habitación y empieza a gritar.
-¡¿Qué... qué dices?!
+Que te quier...
-¡No lo repitas!. Joder, Rose, joder, lo has estropeado todo. Teníamos un trato.

Rompo a llorar, supongo que no puedo hacer otra cosa en este momento y le grito
+¡A la mierda el trato, Mike, a la mierda todo!
Estoy enamorada de ti, siempre lo he estado.
¡¿Realmente esto lo estropea todo?! ¿Lo cambia todo?

Con un zapato en la mano y la camisa desabrochada sale de la habitación, cerrando de un portazo.
Apoyada en la puerta me dejo caer hasta el suelo mientras grito, con un hilo de voz su nombre, una y otra vez, una y otra vez.

Teníamos un trato, teníamos un trato...
No se puede negociar con los sentimientos, Mike.


miércoles, 18 de abril de 2012

Tranquila incertidumbre


Solía pensar que eras el único para siempre que necesitaba,
solía desearte las buenas noches y dormirme a tu lado,
solía soñar por los dos imaginando un viaje alrededor del Universo
y solía pasear por mis pensamientos para verme junto a ti.

Ahora no me quedan los para siempre.
Las noches discuten y deciden dejarme en vela,
los viajes alrededor del Universo se han convertido en auténticas utopías 
y si paseo por mi mente, no queda ni un simple recuerdo.

No soy feliz, al menos no como antes.
La lluvia decora, ahora todos mis días
y el barro, mis zapatos.

Los pájaros han dejado de cantar,
las flores de florecer
y el sol de brillar,
pero mi amor por ti, jamás se esfumará.

Los lunes no me impresionan,
los martes ya no son en los parques
y los miércoles en la cama se han convertido 
en un auténtico suicidio.

Los jueves, son siempre la misma historia
y los viernes han perdido la ilusión por divertirme.
Los sábados duermo con la persiana bajada
porque no soporto no ver tu carita por el sol rayada.

Los domingos no quedan estrellas en el cielo,
que a tu lado me quieran llevar
y mucho menos, ganas de volver a empezar.

Mis momentos felices son
los que paso mientras duermo y no te sueño,
mientras respiro y no te necesito,
mientras canto y desapareces de  mi mente.

Te amo hoy,
te amé ayer,
¿te amaré mañana?

jueves, 5 de abril de 2012

El paraguas amarillo

Confesiones a mi pequeña Ginna II

El paraguas amarillo:


El día que conocí a mi pequeña Ginna llovía, desde entonces la lluvia se convirtió en nuestro símbolo.


A ella le había encantado desde pequeña.
Siempre me contaba que las noches de tormenta nunca dormía lo suficiente, porque se quedaba viendo los rayos por la ventana y jugaba con las gotas que caían por el cristal.
Personalmente, a mí no me gustaba demasiado, pero me recordaba tanto a ella cuando no estábamos juntos que acabé deseando que todos los días fueran de tormenta.


Siempre me decía que nuestro mundo era muy monótono, como si viviéramos en una película de los años 20. 
Que no le gustaba sentirse la protagonista de una vida en blanco y negro, que necesitaba ponerle un poco de color.
Yo le regalé un paraguas amarillo y al verlo, su sonrisa iluminó todo cuanto había a nuestro alrededor, incluso más que sus preciosos ojos azules.


Nunca jamás se separó de él.


Ahora, mientras escribo estas líneas en mi solitario despacho, me distraigo mirándolo, sigue ahí, donde ella lo guardó por última vez. 
Pienso en ella y  lloro un poco, o quizá demasiado.
Pienso que no fue justa su marcha, que le quedaban demasiadas cosas que ofrecerme, a mí y al mundo.
Intento volver a mis líneas, pero me resulta imposible.
Montones de recuerdos vuelven a mi cabeza una y otra vez y pienso que ella no se merecía olvidarlos.


De pronto uno de ellos toma más fuerza.
Era verano y yo la esperaba en la playa.
Ella llevaba ese vestido de flores que tanto me gustaba y en la mano, el dichoso paraguas amarillo.
Yo, sonreía como un idiota mientras mi corazón gritaba ¡Cásate con ella, seréis felices siempre!
Cuando llegó frente a mí y me besó logró que el Universo perdiera todo su sentido y tomara uno nuevo: El que ella y yo quisiéramos darle.
De nada me sirvieron las horas de ensayo, pensando en cómo decirle que me moría por pasar toda la vida con ella, en cuanto la tuve delante, me armé de valor y le dije ¡Cásate conmigo, pequeña Ginna!
Un si, escritor de barrio, nunca me había sabido tan bien.
Empezó a llover, nos refugiamos bajo el paraguas amarillo y me di cuenta de que realmente, daba color a nuestra vida.


Logro escapar de mis recuerdos y salgo de mi despacho, dejo mis líneas a medio terminar y me dedico a pasear por cada estancia de la casa.


Era la casa de nuestros sueños, hubiéramos querido llenarla de niños, pero Ginna no podía ser saltadora de pértiga.
El día que el médico se lo confirmó, también llovía y como siempre, llevaba su inseparable paraguas amarillo.
Nunca la vi llorar tanto como aquella vez, nunca me sentí tan impotente, tampoco.
Mr. Hyde se apoderó todavía más de ella y jamás volvimos a hablar sobre ese episodio de nuestra vida.


Decido dejar de divagar por la casa, quiero volver a mis líneas, deseo terminarlas y acostarme, aunque sepa que no podré dormir, todavía no me acostumbro a la soledad de nuestra cama.
Me siento y descubro que solo había escrito la fecha.
Arrugo el papel y lo lanzo a la papelera.
Saco la vieja libreta donde escribía a Mr. Hyde y esperando que las palabras lleguen solas a mi cabeza escribo el título: El paraguas amarillo