Salgo a pasear, sin rumbo, dirección al mar.
La sal se adhiere a mi piel,
la puedo sentir,
me descubro sirena.
Las olas me transportan más allá del horizonte, más allá de mi imaginación.
Allí donde solo llegan los soñadores.
Salgo a pasear, sin rumbo, dirección al mar, para olvidarte.
La playa me recuerda demasiado a ti porque decías que ella siempre guardaría nuestros secretos.
Me recuerda demasiado a ti, pero me abre, me atraviesa el alma, me convierte en marioneta del sonido de las olas al romper.
Las piedras pinchan mis pies y mi alma y me pregunto por qué siempre ganas.
Tú, siempre medalla de oro, no importa el asalto ni el combate, sales vencedor.
Salgo a pasear, sin rumbo, dirección al mar, para olvidarte, para no echarte de menos.
Una ola salpica mi cara, me rompo igual que ella y le lanzo piedras,
las mismas piedras que hace unos segundos ella me había regalado.
Tiro piedras a mi propio tejado y acabo enterrada bajo una capa de sentimientos sin nombre.
¡No puedo más!
Salgo a pasear, sin rumbo, dirección al mar, para olvidarte, para no echarte de menos, para sacarte a rastras de mi maldita imaginación que siempre te devuelve.
Los paseos de noche por la playa eran nuestro deporte favorito y ahora son mi pesadilla más recurrente.
Una pesadilla de la que desearía no despertar jamás, mi masoquismo sentimental es más fuerte que mi autoestima.
Otra ola me salpica y recuerdo cuando decías que no había nada más allá,
que nuestros pies caminaban solos,
que tú y yo escribiríamos un futuro, nuestro futuro.
Salgo a pasear, sin rumbo, dirección al mar, para olvidarte, para no echarte de menos, para sacarte a rastras de mi maldita imaginación que siempre te devuelve, para buscarme entre las rocas, la sal y las olas.
domingo, 11 de agosto de 2013
jueves, 14 de marzo de 2013
Confesiones a mi pequeña Ginna IV
Los
sentimiedos.
- ¿Por qué
no sé nada de ti? Yo siempre te cuento cosas, anécdotas del pasado… tú solo
hablas del futuro.
Ni siquiera
te gusta el presente.
No sé de qué
huyes, pequeña, pero conmigo estás segura
+ Créeme es
mejor así, si un día me marcho, prefiero que no me recuerdes.
No soy una
buena persona, no sé hacer feliz a la gente que me quiere.
- Yo te
quiero y soy feliz, sepa o no sepa nada de tu vida.
Mientras
tenga tu sonrisa y la luz que desprende tu mirada, seré feliz.
+ No es
bueno que me quieras tanto, ni siquiera sabes si soy real.
Tú estás
enamorado de la idea que tienes sobre mí.
No puedes
querer a alguien que no conoces.
- Pues
déjame conocerte, te miro a los ojos y solo veo inocencia, no puedes ser tan
mala como dices.
Te querría
aunque me partieras el corazón Ginna, yo siempre te voy a querer.
+En cambio
yo te miro a los ojos y lo veo todo sobre ti. Y me gusta.
Y aunque sé
que no me vas a hacer daño, una parte de mis sentimientos no confía en ti.
Es una parte
minúscula, Max, pero una parte al fin y al cabo.
-A las
partes minúsculas no hay que hacerles caso.
Además, ¿qué
hay en esa parte tan pequeña para que sea más fuerte que la confianza y el amor
que nos tenemos?
+Está bien,
Max.
Esa parte
minúscula guarda todos mis sentimiedos.
-¿Sentiqué?
¡Eso no existe!
+Sí que
existe, Max.
Es la forma
de llamar a todos los sentimientos que me hacen daño, pero que viven conmigo.
Son parte de
mí y estarán ahí siempre.
Por mucho
que nos queramos, o por mucho que ame otras cosas de la vida, siempre voy a
tener miedo.
Te quiero,
Max, quédate con eso y deja que viva con mis miedos e inseguridades.
-Es que sé
que no eres feliz.
Tienes
muchas cosas dentro que necesitan ser contadas.
+Soy feliz. Porque es el lugar donde he vivido siempre.
Entre el
miedo y la realidad y he aprendido a hacerlo.
Tú lo pintas
todo de color de rosa, pero el mundo es negro.
Todos los
días pasan cosas malas a nuestro lado, todos los días alguien abandona a alguien
sin dejar ni una simple nota.
-Es negro
porque tú lo ves así.
El mundo
puede ser del color que nosotros queramos.
Siempre
pasarán cosas malas, pero podemos ser felices si tú lo deseas, aunque no te lo
creas.
+Max, ¿quieres
saber lo que son los sentimiedos?
Pues es no sentirte aceptado por nadie, es ver cómo
la gente pasa por tu lado sin preocuparse de por qué te has caído.
Que te
abandone alguien es muy duro de superar, pero puedes apoyarte en alguien que te
quiera pero… ¿Cuándo abandonas tú? ¿Qué se hace en esos casos?
Pues no lo
sé, quizá yo opté por la opción más cobarde y escondí la cabeza, pero esa es la postura
que me pareció más fácil.
Joder Max,
solo era una cría.
Es saber que
cada luz al final del túnel se apagará en cuanto la toques, que cada rayo de
felicidad se volverá dolor en cualquier momento. Es no saber cuándo va a pasar.
Significa no
confiar en nadie. Someter a todas las personas a un escáner mental intentando
descifrar lo qué buscan de ti, porque una jodida minúscula parte de ti cree que
la gente sólo te busca por interés.
Tener
sentimiedos significa llorar por las noches cuando ya nadie te ve, porqué si
demuestras que eres débil te comen, Max.
Son una mierda, un lastre que llevo desde hace muchos años porque todas
las personas a las que les he confiado mis secretos, con las que he compartido sueños han terminado
desapareciendo y tirándome como si nunca hubiese significado nada.
Siento que estoy perdiendo los mejores años de mi vida porque nada de lo que hago me completa, la vida me supera y va desbordándose.
Quedan tantas cosas por arreglar que pienso que jamás estaré completa.
Siento que estoy perdiendo los mejores años de mi vida porque nada de lo que hago me completa, la vida me supera y va desbordándose.
Quedan tantas cosas por arreglar que pienso que jamás estaré completa.
-Eh,
pequeña, tranquila. Todos tenemos miedo, pero no podemos vivir con ellos tantos
años.
Yo también
tengo algunos, me aterroriza la soledad.
Cuando murió
mi padre, hice lo mismo que tú, escondí la cabeza y me fui de casa, abandoné
todo lo que quería.
Pensaba que
era feliz y que empezar de cero me ayudaría a superarlo, pero ¿sabes qué me
ayudo?
Descolgar el
teléfono y llamar a mi madre, llorar con ella y admitir que me había
equivocado.
Durante ese
tiempo ella había estado muy preocupada y a mí ni siquiera me importaba.
Volví a
casa una navidad y los dos nos lo agradecimos.
Deberías
aceptar que no eres feliz, porque las que te cuentas a ti mismo son las más
tristes.
jueves, 13 de diciembre de 2012
Reediciones II
Un nenúfar en la luna:
En esta noche de Luna llena me gustaría recuperar mi vieja libreta y contarle un cuento al cielo.
En voz
bajita y a oscuras, mirando las estrellas, buscando la que más brille, buscando
la tuya. Contarte un cuento a ti, pequeña Ginna, como siempre, uno que solo sea
tuyo, uno que solo sea mío.
Uno que te
devuelva aquí.
“Aquella noche era demasiado fría para ser
abril, pero ahí estábamos los dos, en las tumbonas, observando la Luna,
hablando de locuras futuras, planeando un millón de cosas por hacer, recordando
historias inventadas, siendo invencibles.
-Oye Max, ¿sabías que yo siempre he querido pasear por la Luna? ser Astronauta, verla de cerca… ya sabes todas esas cosas.
Yo me reí, como siempre que me contabas alguno
de tus sueños imposibles, aunque a ti eso no te hacía mucha gracia.
-¿Por qué te ríes? ¿Tú no tienes sueños
imposibles o qué?
-Sí, claro que sí. Yo siempre he querido ser
como Papá-Noel. Para hacer feliz a los niños y devolver la ilusión a los
mayores.
Y los dos nos miramos y supimos que en
ningún otro sitio seríamos más felices que allí arriba.
-Escucha, cielo ¿quieres ver algo
maravilloso?
Y sin darte tiempo a contestar, te cogí de
la mano y salimos a la calle.
Recuerdo que durante todo el trayecto ibas
farfullando y gritando que te soltara, que no te gustaban las sorpresas… y yo
no podía parar de reír. Siempre me reía de ti, de tus cosas y de tus manías.
Me hacía gracia la forma en que andabas, o
cómo corrías.
Tu forma de hablar o de chillarme cuando nos
enfadábamos… pero sobretodo adoraba hacerte rabiar, porque te ponías de morros
y estabas preciosa.
Unos quince minutos después, llegamos al
Parque del Estanque.
Tú preguntaste qué hacíamos allí, yo
contesté que las sorpresas hay que disfrutarlas.
Y caminamos hasta el estanque, vimos los
pececitos nadar y apareció ante nosotros la Luna.
-Acércate, Ginna. Tócala.
Tus ojos brillaron intensamente y me
susurraste un ¡Eres increíble! al oído, tan tierno y cálido que sólo fue
nuestro.
Te acercaste más, parecías la persona más
feliz del mundo.
Tocaste el agua y la Luna se enturbió.
De pronto regresaste a los cinco años.
Eras como una niña pequeña que no puede
dejar de sonreír.
Y yo, bueno yo me sentí un verdadero
Papá-Noel, llevando regalos a los más pequeños y devolviendo la ilusión a los
mayores.
La Luna se dibujó otra vez ante nosotros y
un nenúfar se posó en su reflejo y, mientras volvía a emborronarse, tú dijiste: -¿No te parece curioso? Hay un
nenúfar en la Luna.”
lunes, 17 de septiembre de 2012
La arpista del quinto
“Tiempo fue lo que siempre nos falto, Julia.
Para estar juntos, para soñar toda una vida.
Tiempo fue también lo que siempre nos sobró.
Para cumplir nuestros sueños, para vivir toda nuestra vida.
Siempre enamorados, pero eternamente solos.
Jugábamos de niños en aquel parque de detrás
de tu casa.
El mismo que años más tarde nos vería
enamorarnos y darnos nuestro primer beso.
El mismo que ahora me ve llorando por ti,
porque aquel día, diste tu mejor concierto y
extasiada, dejaste este mundo.
Con una sonrisa dibujada, con la felicidad
marcada en el rostro, con el arpa todavía entre tus manos, pude ver que al fin
eras feliz.
Pero aunque te fuiste, tus veintiún gramos
siguen atormentándome.
Huelen a ti, me abrazan por detrás, al igual
que tú.
Las noches de tormenta se acurrucan en la
cama junto a mí e invaden toda la almohada.
Me apuñalan el corazón y siento frío.
Miedo, vacío.
Y es que los días no son igual sin tu
sonrisa fingida.
Las noches son tristes si no puedo secar tus
lágrimas para hacer tu risa estallar.
Julia, soy la mitad de mi mismo desde que no
estás.
Desearía volver el tiempo atrás, matar todos
tus miedos y salvarte cuando estabas al borde del precipicio.
Julia, no tengo nada más que tus veintiún
gramos de efímera existencia y no quiero vivir con ellos.
Te quiero a ti, a tus noches de llorar a
escondidas, a tus días de reírte hasta del miedo.
Parecías tan fuerte que nunca creí que me
dejarías así.
Eras tan frágil que me arrepiento de no
haberte protegido de tus fantasmas.
Yo te prometí el cielo, el sol, la luna y
las estrellas.
Te dije que siempre estaría a tu lado y nada
malo te pasaría mientras permaneciéramos juntos.
Ahora nunca sabré que era lo que
atormentaba, Julia.
¿Por qué no dejaste que te ayudara?
¿Por qué no he podido demostrar que podía
cuidar de ti?
Julia, lo siento, sé que tú no querrías esto.
No soporto no verte, ni tampoco no estar
contigo.
No puedo un día más sin ti, sin esa fuerza
que sacabas para que yo no cayera.
No aguanto los remordimientos, ni tampoco la
culpa o la verdad.
Yo fracasé y tú perdiste la batalla.
He vuelto a fracasar, pero ahora seré yo
quien pague las consecuencias.
Julia, espérame allí arriba porque el
concierto va a empezar”
martes, 4 de septiembre de 2012
Reediciones
Historia de amor y muerte
Ahora que lo recuerdo, cuando era pequeña no tenía miedo a nada excepto a los monstruos. Siempre creí en esas bolas de pelo de colores que miden más de tres metros y rugen hasta que saltas de la cama y lloras buscando consuelo.
Papá y mamá siempre me decían que no existían,
que no tenía porqué tener miedo, yo les pedía que me leyeran un cuento y
dejaran la luz encendida hasta que me dormía.
Lloraba hasta que revisaban todos los
rincones de mi habitación y se aseguraban que no había nada que temer, entonces
poco a poco iba cerrando los ojos hasta dormirme.
Muchos años
pasaron hasta que dejé de tener miedo a la oscuridad pero cuando crecí, descubrí
que existían aunque siempre estuve equivocada, porque no vivían debajo de mi
cama, ni dentro de tu armario, ni tampoco trabajaban dando sustos como en
aquella película de dibujos que siempre me gustó. Eran casi como nosotros, solo
que pasaban desapercibidos en este mundo en el que vive el ser humano.
No sé cómo le conocí, pero no tuve miedo de
aquel ser violeta y blandito como una bola gigante de algodón que estaba a mi
lado en el metro.
Cuando me senté junto a él me dijo Hola.
Y a pesar de mis expectativas, su voz
tampoco era tan diferente a la de cualquier persona que puedes conocer.
Yo siempre creí que rugían y que su voz
debía ser atronadora y dar miedo, sin embargo me pareció que era bastante
afable.
Yo le saludé y le dije mi nombre.
Recuerdo que él se llamaba Twister y que
manteníamos conversaciones largas siempre que coincidíamos.
He de reconocer que no éramos seres muy
sociables, pero entre nosotros nos entendíamos bastante bien.
El rechazo le hacía daño, la gente normal no
suele entender a nadie que esté por fuera de su nivel social y mucho menos iba
a hacerlo con un monstruo, pero él era más fuerte.
Eso era lo que más me gustaba de Twister, su
fortaleza, física y mental.
Parecía no doblegarse ante nada ni nadie y
siempre tiraba hacia delante.
Es lo que tienen los monstruos, grandes
amistades, aquellas que han sabido ver más allá de las meras apariencias.
Una de esas grandes amistades era Ícaro,
quien más adelante sería el “monstruo de
mi monstruo”. Al menos así lo bauticé yo.
Ícaro era como una copia de Twister, pero de
color verde y apariencia angelical.
Parecía no haber roto un plato en su vida y
me pareció simpático cuando lo conocí.
Juntos compartieron muchos de los momentos
más bonitos que habían vivido nunca y empecé a tener todavía más claro que los
monstruos no eran malos y que no había nada de lo que preocuparse.
Twister creyó que Ícaro mataría miedos por
él, que le protegería del mal hasta el final de los días y que juntos serían
felices.
Pero toda historia tiene su pero y en esta, por ser una de monstruos,
no iba a ser diferente.
Pero,
curiosa palabra, finalmente Ícaro
acabó siendo uno de esos monstruos a los que yo siempre tuve miedo.
Uno de esos que viven dentro de tu armario,
bajo de mi cama y trabajan dando sustos hasta el amanecer.
Se aprovechó de él, llegó hasta su corazón y
una vez allí realizó el mejor trabajo de su vida, dándole un susto que le
dejaría marcado durante mucho, mucho tiempo.
El final de su historia fue, nunca mejor
dicho, monstruoso y el mismo amor que le tenía se convirtió en odio, y luego en
dolor y más tarde en decepción.
Todos los miedos que Ícaro debía matar por
él, aparecieron en su cabeza, para quedarse durante un largo tiempo.
Nada de cuentos de hadas, ni finales felices
donde los monstruos, que son vegetarianos, no comen perdices.
Cuando la historia de amor y muerte de
Twister e Ícaro fracasó pude descubrir lo mejor de los monstruos.
Bajo esa gran bola de algodón que cubría su
cuerpo, Twister tenía un corazón como el de cualquier ser humano y latía.
Más fuerte si se enamoraba.
Bajo esa apariencia y detrás de esa voz
escondía los sentimientos más bonitos que alguien pueda describir jamás.
Cuando escuchaba las historias que me
contaba sobre Ícaro podía notar como, en ocasiones su voz se rompía, e incluso
alguna vez alguna lágrima se posaba en sus pestañas de monstruo.
Twister sentía, diría que más que algún
humano desalmado de los que corretean libres por aquí arriba haciendo y
deshaciendo a sus anchas historias de amor.
Esta
historia me hizo reflexionar sobre las cosas que siempre me habían dado miedo:
Primero
fueron los monstruos, hasta que conocí a Twister y me enseño que estaba
equivocada acerca de ellos.
Luego
aprendí que los humanos podían llegar a ser peor que cualquier monstruo de mi
imaginación de niña pequeña.
Y finalmente
Ícaro, que es el ejemplo de que en este mundo tiene que haber de todo.
Siempre hay personas buenas, que parecen
malas y personas malas que parecen corderitos del Señor.
Comprendí
que yo siempre había tenido razón, aunque no razones para tener miedo.
Los
monstruos han existido desde siempre, aunque no vivan debajo de mi cama ni tampoco
dentro de tu armario; Tampoco iban por la vida dando sustos a diestro y
siniestro (al menos no todos).
Los
verdaderos monstruos de esta historia son los seres humanos, normales y
corrientes, con defectos, con errores, incapaces de ver que nadie es perfecto,
incapaces de aceptar a nadie diferente a ellos.
Porque aunque
los monstruos no se parezcan físicamente a nosotros a mí no me importó que
Twister no fuera perfecto, porque yo tampoco lo era, porque tú tampoco lo eres.
El mundo en
el que vivíamos nos rechazaba constantemente, pero si a nosotros no nos
importaba, ¿Qué más daba?
La verdad de
esta historia es que nadie jamás se dio cuenta de que yo era un monstruo.
Uno que
debía disfrazarse de humano si quería tener alguien con quien charlar de vez en
cuando.
Realmente,
uno de mis mayores errores.
lunes, 3 de septiembre de 2012
Amor trans(a)parente
Las flores han empezado a florecer, ya es primavera.
Que cosa tan curiosa esta de las estaciones.
Mis sentimientos están a flor de piel, me he enamorado.
Noto como la suave brisa primaveral sopla y mueve las copas
de los árboles.
La sangre se me altera, cuando tú me miras. Hiervo si me
tocas.
Escucho a los niños jugar a la pelota debajo de mi casa.
Me gusta la primavera, si la paso junto a ti.
Todo es más bonito cuando estamos juntos.
Las flores florecen antes,
los pajaritos cantan más, y sin embargo,
la lluvia moja menos, que curioso esto también.
Ya es verano, lo sé.
El sol, el sonido del mar, el ajetreo de las calles.
Todo cuanto me rodea anuncia que la nueva estación se ha
posado en mis días:
El olor a mar, que inunda los pulmones.
La sal cerrando viejas heridas.
Los niños en la arena, los amores de verano.
El sol tostando tu piel y el relajante sonido del mar a
través de una caracola.
Sentarnos en el faro, lanzar una botella contándole al gran océano
nuestros secretos más íntimos, nuestros deseos inconfesables
Amarnos en tu cama y besarnos con sabor a sal.
El cálido verano de caricias bajo el mar va dejando paso al
bipolar otoño de besos en la calle y peleas en la cama.
Gotas de lluvia en el cristal, rayos de sol en cielo
dibujando un arcoíris que me invita a pasear.
Un arcoíris con el que cruzo el charco y un charco que desea
que nade en él.
Tu mirada hablándome y tu voz mirándome, provocan
escalofríos en mí.
Me estremezco, me acurruco junto a ti.
Tus ojos me ven, tu mirada tiembla y tú susurras te amo en
mi oído.
Mi piel se eriza con cada palabra que sale de tu corazón y
mis pupilas se dilatan cada vez que me tocas.
Pasear, salir corriendo. Tú me alcanzas y nos besamos en
mitad de la calle.
La gente pasa y nos mira, pero no podemos ver nada más que
nuestras caras.
De nuevo un arcoíris en el cielo me lleva hasta tu cama. Nos
peleamos allí,
pero nos reconciliamos en el sofá.
Y deseo que el viejo invierno llegué para dormir abrazada a
ti.
Por fin mis sueños se cumplen y el cielo se vuelve azul
eléctrico.
La tormenta se acerca, pero no a mi cabeza,
el cielo cada vez más oscuro, pronto se abrirá.
Me gustan las tormentas de invierno, porque podemos pasarlas
así:
Chocolate caliente, manta y películas de terror.
Tengo miedo, un trueno hace retumbar la habitación
tú me abrazas, yo tiemblo. Tú me besas.
Desaparece. Todo es perfecto otra vez.
Contigo solo tiemblo si me tocas,
solo existe el miedo a perderte,
a sufrir si no estás junto a mí.
Solo tú me haces gritar, y solo perderte me hará llorar.
Contigo sé lo que es el amor trans(a)parente
sábado, 11 de agosto de 2012
Hoy:
Hoy estoy triste.
Hoy estoy feliz.
La lluvia ardiente de agosto ha arrasado con todo aquello en lo que creía, ha arrasado con tu cuerpo y con tu espíritu soñador.
El mismo que nos daba alas y nos elevaba a lo más alto; El mismo que más tarde nos las cortaba y nos daba de bruces contra el duro asfalto.
Hoy siento frío, siento fuego, siento un mundo nuevo abrirse paso en mi cabeza.
El mar envuelve mi cuerpo y me arrastra a lejanos horizontes donde otro sol de invierno secará mi rostro y calentará mi cama.
Nunca más seremos codependientes, nunca más necesitaré tu playa para dormir.
Hoy tengo ansia, hoy tengo sueño y necesito un colchón nuevo, hoy quiero romper ventanas y gritar ¡Oh muérete!.
Sueño con una vida tranquila lejos del tiempo perdido.
Deseo abrir las alas y cruzar el charco para luego deslizarme suavemente hacia tu cama.
Convertir la lluvia en cristal para que caiga sobre ti y hacerte reflexionar sobre tu mañana.
Hoy soy pasado, presente y futuro en una única persona y no he atravesado el famoso continuo espacio-tiempo.
Permanezco con los pies en el suelo aferrada a un pasado de tormenta y barro obsesionada, al mismo tiempo con un futuro borroso e ininteligible que parezco nunca alcanzar.
Hoy puedo ser tu peor pesadilla o el sueño más dulce de algún alma en pena que pasa las noche en vela.
Yo puedo derrumbar tus murallas con flechas de fuego.
Y tú puedes esperar que alguna alcance tu pecho para rendirte ante mí.
Aunque yo, ya no espero nada de nadie.
Me gusta ser tu sueño, adoro ser tu pesadilla pero desearía ser tu noche y tu día.
Hoy quiero gritarte y hacerte llorar.
Hoy quiero ver como te derrumbas ante mi y entre la desesperación gritas -Te amo!
Hoy la leyenda cuenta que soy un ser extraño.
Que allí abajo, en el subsuelo, escondo mis sentimientos en una caja fuerte.
La otra versión explica que adoro ver a la gente sufrir y que lo que guardo en esa caja son sus corazones.
Ya no recuerdo cual era la real.
Pero amo que hablen de mí.
Se podría decir que hoy me siento vanidoso, con la autoestima por encima de 100, pero entonces mentiría y aunque esté muy de moda, no es una de mis cualidades.
Hoy empezaré a correr, cogeré impulso y me elevaré.
Desplegaré mis alas y echaré a volar.
Mientras lo hago os observaré, menguantes, y gritaré hasta que se me rompa la voz y me queme la garganta.
Cuando mis dedos estén a punto de rozar el sol, plegaré las alas y me dejaré caer de nuevo a la tierra.
Volveré al sitio del que nunca debí salir.
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